volver
Sandra Bianchi :Dar
vuelta el espejo
Todo escritor debe haberse soñado alguna
vez como personaje de su propia literatura.
Luisa Valenzuela, Peligrosas Palabras.
Con palabras confeccionamos a diario nuestra comprensión
del mundo que nos rodea.
Luisa Valenzuela, Escritura y Secreto.
Las citas precedentes convocan a dos núcleos
de constante indagación en la poética
de Luisa Valenzuela, la literaturización de la
vida y la capacidad de la palabra para aprehender el
mundo, tanto el de la llamada realidad como el de la
ficción, puesto que ambos universos se intercomunican
en su escritura, sin discernimiento de su estatuto.
El libro Los deseos oscuros y los otros. Cuadernos de
Nueva York, de Luisa Valenzuela (Buenos Aires, 2002)
presenta esa frontera pero sin una clara demarcación.
Este texto que rememora y relata las experiencias
amorosas de su autora, durante su residencia en Nueva
York entre los años 1979 y 1982 produce
una síntesis entre entre el material autobiográfico,
el literario y el ensayístico. Si bien puede
leerse como un juego de espejos con casi toda su producción,
es con sus libros anteriormente publicados, Peligrosas
Palabras (2001)- un ensayo sui generis en el que la
autora reflexiona acerca de su producción- Escritura
y Secreto (2002) - nuevas reflexiones y reescritura
de la conferencia pronunciada en la Cátedra de
Alfonso Reyes del Instituto Tecnológico y de
Estudios Superiores de Monterrey, México, 2001-
y La Travesía (2001) novela- en donde
el sistema de co-referencias se hace más sólido
y la lectura en serie, inevitable.
Con la publicación del volumen de cuentos Simetrías
(1993) Valenzuela le pone nombre a un eje central de
su poética, precisamente el eje de la simetría
que divide concepciones, discursos, interioridades/exterioridades,
tiempos, estructuras gemelares -entre otros elementos
funcionales para la narración- pero que a las
vez los funde puesto que las contracaras y los reversos
encuentran en su universo narrativo el punto de fusión,
las resonacias internas que los reúne, el espejo
que los refleja.
La connotación se hace entonces explícíta
en el nivel del lenguaje y direcciona una lectura pero
el nombrar-mostrar no clausura el significado
sino que su estrategia es la búsqueda sin fin,
es una exigencia para que el lector sea más lector
... [a las palabras] las escritoras (...) las
exponemos de la mejor manera posible para que la luz
de la lectura les haga resaltar todas sus facetas, hasta
las más ocultas...
Esta exigencia activa, crítica, se potencia en
LDO - texto que si bien pertenece a la colección
Biografías y Documentos de la editorial que lo
publica, es complejamente clasificable puesto
que se sitúa en los cada vez más difusos
límites genéricos. La Presentación
y el Epílogo enmarcan el corpus autobiográfico
ficcional, cumpliendo con la formalidad de la apertura
y cierre y suponen el pacto de lectura que es explícitamente
violado Y entonces cada punto final que estampamos
resulta un engaño LDO no pide ser leído
como una autobiografía amoroso intelectual -
la absoluta denotación- sino que pretende una
travesía (resemantizando así el título
de su última novela) es decir atravesar ese nivel,
poner el texto al través y atravesarlo según
los indicios de lectura y los reenvíos a sus
otros textos- ensayísticos, cuentos y novelas-
que mencionados o no, producen un diálogo intratextual
y metatextual.
Si por un lado la Presentación y el Epílogo
despistan también ofrecen claves, otras, el otro
que el título instala. Y para iniciar la búsqueda
de lo no dicho un recurso formulado en ambos es la imagen
del espejo, esa superficie autorreflectante y autoreferente
pero que es capaz de abrirse hacia otros espacios el
acto de escritura y el acto de amor son una sola cosa,
equivalente indagación, similar búsqueda.
Un sacudir al otro, sacudiéndose de manera equivalente
para intentar desgarrar algún mínimo velo,
entrever algun secreto por espejo, en oscuridad, como
dice San Pablo que vemos a Dios .
El espejo que comparte su etimología con palabras
cuya referencia es lo figurado, espectral la imagen
misma y con todas aquellas que refieren al acto de mirar,
contemplar auscultar, también con las que sugieren
puesto de observación elevado, privilegiado,
será un instrumento metafórico-metodológico
apto para indagar qué se narra en LDO.
Pero el universo deconstructivo de Valenzuela no se
vale de espejos a lo Alicia Desde el otro lado
de la historia una narra la historia. Si una narrara
como vive, si la voz fuera la misma, si la perfecta
autobiografía existiera, la historia tendría
una sola cara y, o bien no sería real
en tanto historia- o no la habríamos vivido para
nada. (Cinta de Moebius de la imprescindible opción.)
sino que da vuelta la tradición del espejo para
buscar el inefable Secreto en el punto de convergencia
que fusiona uno y otro lado, entre el vidrio y el azogue.
Una aproximación a la semántica del espejo
diseminada en su textos permitirá privilegiar
la subyacente teorización sobre la escritura
en LDO .
La espeleología metódica. Desde el título,
la palabra otros convoca la idea de alteridad, de doble,
semejanza, ambigüedad y marca las posibles otredades
a descifrar. ¿Cómo iniciar ese develamiento
del texto? Valenzuela sugiere en ES la tarea espeleológica
para armar por fin el rompecabezas de aquello
que el texto dice más allá de las palabras,
en sus silencios y entrelíneas . Elabora
un simil de la mente humana que trabaja superponiendo
capas y estratos de ideas a la manera geológica,
por eso el lector debe convertirse en un espeleólogo
para internarse, en este caso en los laberintos subterrános,
oscuros, que comunican teorizaciones y ficciones en
sus textos. El lector- espeleólogo logrará
observar, por designio etimológico- ya que comparte
la raiz y es un derivado culto - desde un lugar privilegiado
los ángulos inéditos de la realidad /ficción.
Para acceder a la luz. En ES Luisa Valenzuela presenta
su teorización sobre este par indisociable en
la creación. Si el Secreto es el enigma de la
vida al cual la literatura acecha e intenta traspasar
para empujar el límite de lo inefable, LDO no
puede leerse como un inventario de amores, escenas eróticas
y de sexo inscripto (en la letra) como lo leyó
alguna reseña bibliográfica. Es cierto
que abundan referencias sexuales y palabras explícitas,
que no debieran sorprender si aceptamos que desde hace
mucho más de una década, el canon de la
erótica femenina tiene una fuerte constitución
en la narrativa nacional. Por eso me inclino por la
búsqueda de los significados que se esconden
detrás de la fachada de las escenas de alcoba.
Si recordamos la connotación de engaño
propuesta en el Epílogo, el eco del trompe l´oeil
y de los procedimientos textuales del barroco como función
operatoria pueden proyectarse en este texto. Para analizar
ese trasfondo resulta operativo recordar el concepto
de mónada establecido por Leibniz, reteorizado
por Deleuze en el El Pliegue que comprende un fondo
sombrío con una luz sellada en el interior cuyo
correlato es la fachada. Deleuze presenta la idea de
una cámara oscura donde por una pequeña
abertura pasa la luz y se refracta en espejos estratégicamente
ubicados que convergen a un punto central. La luz, dirá
Valenzuela- invariablemente generará sombras:cuanto
más poderosa la luz, más intensa la sombra.
Un intento desaforado de ilumuinar el Secreto sólo
habrá de reforzarlo o insinuar un aspecto más
recóndito del mismo .
La analogía de la mónada con una catedral
barroca puede extenderse a LDO y considerar provisoriamente
al texto como una catedral barroca de palabras en la
que la lectura crítica direccionará el
pliegue, repliegue y despliegue de la proliferación
de significantes que vehiculizan el principio sustentador
del deseo y la escritura en la concepción de
Valenzuela. En sus propias palabras quizá
por eso quiero escribir todas esas historias de romances,
de imposibles amores o no amores, para llegar por fin
al meollo, a los hilos internos (...) llegar a ese punto
nodal.
Espejos de lectura y escritura. I/ En la letra. LDO
se presenta como un texto doblado sobre sí mismo,
un espejo en el que se enfrenta el texto primero (los
cuadernos) y el texto segundo (su reescritura). El texto
que se lee deja entrever un motivo recurrente en la
narrativa y el pensamiento de Luisa Valenzuela: el viaje
como experiencia vital, como vía de acceso al
conocimiento. Pero esta idea no sólo está
metaforizada en los semas dispersos que sugieren, itinerancia,
tránsito, vagabundeo, pasaje, sino también
en las idas y vueltas de la lectura a la escritura o
viceversa. La protagonista realizará un desplazamiento
temporal, el recordar aquí y ahora, en
mi casa de Buenos Aires, como si estuviera en la punta
de la montaña y más allá como si
yaciera en el fondo del mar que es donde a las cosas
les da por suceder.. está sostenido por
las operaciones de escritura/ lectura/ reescritura de
sus cuadernos de Nueva York, un recorrido simbólico
en tanto que su memoria se sostiene en la palabra como
signo. La linealidad del significante que impone una
organización espacial del discurrir textual se
supera en la lectura paradigmática: la relación
in absentia expande el escenario de los cuadernos vinculados
en el illo tempore, recurso valenzuelano que conecta
el tiempo de la leyenda, el tiempo que no existe con
el tiempo real. Las imágenes de la escritura
y la memoria atraviesan Buenos Aires y Nueva York: Estoy
sumergida en un mar de cuadernos, algunos muy manoseados,
otros a medio escribir(...)Ahora, retomándolos
en lugar de una inmersión en el pasado me siento
en un naufragio .
Viaje azaroso el de letra biográfica cuyo contrapunto
en la creación literaria se enuncia en ES Partiendo
de una frase, de una imagen, de una sucesión
de imágenes en el caso de la novela, me dejo
llevar por la corriente hasta estar casi a punto de
ahogarme. Apenas entonces empiezo a atisbar la otra
orilla o alcanzo un islote donde puedo estudiar el panorama.
El tramo atravesado- escrito- me dará si tengo
suerte, la pauta de lo que se espera a continuación.
La pauta pero no el camino. Hay que seguir explorando
II/ en el sujeto. Estas imágenes del escritor-lector
pueden generar identificaciones en espejo en la percepción
visual del semejante. En una dirección endofórica,
la citada escena inicial de LDO -la narradora, rodeada
de papeles, naufragando en sus anotaciones marginales-
es retomada en el texto en el reconocimiento intersubjetivo
de su filiación de escritora ...(estoy)
sumergiéndome en ese mar [mare, magmum, magma]
de papel que soy yo. Y la ma/ma de madre y el recuerdo
de esa imagen que me deslumbraba allá por mis
15 años: mi madre sumergida en su propio mar
de papeles, metida en la cama y escribiendo- como yo
ahora solo que yo no, no metida en la cama, yo
entrando y saliendo... (...) El peso de
las identificaciones: con mi madre con esto de quedarme
cada vez más tiempo en la cama escribiendo .
Es muy fácil escribir un diario y olvidarse de
la verdadera creación . Tal vez el personaje
de la Señora de Realidad Nacional desde la cama
(1992) constituya una respuesta literaria de estas imágenes
que ahora coexisten en LDO.
La figura de su madre, la escritora Luisa Mercedes Levinson,
reaparecerá en la segunda cara del espejo
Tuve que aclarar como escritora pensando
quizá en desligarme de lo otro, de mi necesario
autoreconocimiento como persona independiente, forjada
de mi propia mano. Quizá el reconocerme como
escritora sea lo más difícil, sin embargo.
Debe haber allí una muy oculta, muy primitiva
sensación de matar a la madre. Sobre todo en
mi caso. Habrá que hacerlo nomás: matar
a la madre que todos llevamos dentro. (...) salirse
de madre, ya lo he escrito en alguna otra parte.
Para Lacan, el yo está constituído como
otro y el otro como un alter ego. La/s escritora/s,
la hija, la madre pueden leerse en clave en esa relación
yo - no yo.
El yo especular, también puede interpretarse
en una relación exofórica: el lector crítico
puede reconocerse en su propio mar de papeles, naufragando
en las notas que lo acompañan en su trayecto
de lectura/ escritura. Leer críticamente un texto
es leer la voz del otro en la propia. Quien se reconozca
como lector de la obra de Valenzuela, conoce su universo
discursivo en el que las ficciones se combinan con modalidades
cercanas al ensayo, con fragmentos interpretativos,
inclusive de su propio texto. Las narradoras no sólo
cuentan, sino que leen, interpretan, como un remedo
de coro o voz en off o como un verdadero primer lector.
En otros casos ofician como contravoz crítica,
que interviene en la narración o metacrítica,
no buscar por ese lado, como ejemplo de
las indicaciones al lector.
La tarea teórica, especulativa del crítico
- tanto lector como escritor- nos sitúa nuevamente
en la relación etimológica: del latín
speculari, especular remite en este sentido a acechar,
examinar algo con atención.
III / La otredad y el espejeo. La distancia temporal
que media entre el material escrito en los cuadernos-
el texto primero- y el momento de la escritura LDO
como texto segundo- le impone a la narradora enfrentarse
con su pasado. Aunque se trate de escapar del
tema o respire hondo para cobrar coraje
como caracteriza en alguna ocasiones su estado interior,
tiene la necesidad de escribir para conocer/se
pienso que aquí hay como algo cerrado que necesito
narrar para sacármelo del organismo(...)
... lo que quiero con estos apuntes es curarme.
No curarme de mí, claro: sólo rearmar
las piezas sueltas... y también porque
apuesta al valor curativo de la palabra en la escritura
Tengo fe en el poder curativo de la literatura
dirá en PP.
El interrogante acerca de ¿quién escribe?-
tanto el texto primero como su reescritura, es inicialmente
formulado por la narradora la mejor manera de
ser protagonista de la historia sin ser protagonista
de la historia es ser la autora de la historia
y reformulado otras tantas Si yo soy otra como
tan sabiamente supo establecer el poeta, esa otra escribirá
sobre mí. Y yo escribiré sobre ella, alternativamente
y pocas veces- o ninguna- se sabrá quien tiene
la palabra o sostiene la pluma .
La incógnita sobre la identidad, la veracidad
de los hechos narrados se sostiene durante todo el texto
como un propio desdoblamiento del sujeto que enuncia,
que se mira a sí misma pero que inevitablemente
ve al otro Terminemos con esta farsa. Es decir,
yo soy yo en este preciso momento y pretender volverme
a ayer es desreconocerme. ¿y quién me
desreconoce más que yo misma? Esta negación
del yo, su no reconocimiento en los que llama cuadernos,
apuntes, notas al margen, papeles manoseados y hasta
bolsa de gatos, busca restaurarlo en la letra. Por eso
el procedimiento constructivo de la escritura consiste
en una re- unión de fragmentos de diversa textualidad:
narraciones de anécdotas, sueños y relatos,
minificciones, un cuento porno- intelectual, confesiones,
textos casi programáticos como abreviados manifiestos,
disquisiciones, cartas, formas poéticas, poemas
paródicos y variados tipos textuales. Estos mosaicos,
verdaderas viñetas narrativo especulativas-
vivenciales, articulan en LDO las distintas historias
de los amores de la protagonista y encabalgan los motivos
literarios con las motivaciones vitales, generando reflejos
de uno en otro como en un juego de espejos. La progresión
de significantes y metáforas hace progresar la
escritura haciendo funcionar relaciones es decir, creando
entre los semas un diálogo que los hace operar
por espejeo, cuyo punto de convergencia sería
cercano al acceso del Secreto.
Por otra parte cada fragmento está separado por
un espacio en blanco, incluso algunos tienen diferente
tamaño fuente y tipografía (bastardilla).
Esta heterogeneidad tipológica y visual se corresponde
con la conceptualización de Heterogeneidad enunciativa,
constitutiva del sujeto y su discurso de Jacqueline
Authier . Bajtín, Freud y Lacan ya dijeron que
las palabras son siempre palabras de los otros. Para
Authier las formas de la heterogeneidad mostrada- esto
es fragmentos marcados por comillas, cursivas, glosas,
incisos- representan una manera de inscribir al otro
en el hilo del discurso y son reveladoras de esta alteridad
implícita. El fragmento marcado funciona como
un cuerpo extranjero cuya estatuto de diferente, de
otro, constituye una doble afirmación del yo
que enuncia. Inserto en el tejido de los discursos preexistentes,
ese yo intenta diferenciarse delimitando esas zonas
de contacto que le devuelven la ilusión de ser
el dueño de su palabra. Parafraseando, si
el extranjero es ese fragmento- otro en mi discurso,
el resto me pertenece. Integración del
yo que Valenzuela construye y deconstruye simultáneamente
al reconocer como propia y ajena las huellas escritas
de su pasado y su presente.
epílogo del Epílogo. ... no hay
cierre. Mientras estamos en vida, la vida sigue escribiendo
en uno se anuncia en el Epílogo de LDO.
Pero como percibimos, uno siempre es otro ...Ahora
queda sólo un espejo dado vuelta, se dirá
ya en el final. El espejo que en la Presentación
atisbara el Secreto se da vuelta con ambigua orientación
en un cierre que dice no serlo.
El texto caverna o fachada, el texto que se escribe
con la lectura en el juego especular, el texto que se
refleja en su espejeo interno buscando el punto intersticial
de lo inefable, es un texto-espejo que se da vuelta
sobre sí para evitar la transitada duplicación
y conjugar mundos disociados al devolverle al otro un
atisbo de sí mismo.
Sandra Bianchi
1) Expresión propia y recurrente en Valenzuela
tanto en entrevistas como narraciones , con evidente
cuestionamiento del estatuto de lo real.
2) En adelante PP, ES y LDO respectivamente. Todas las
citas corresponden a
Valenzuela, Luisa. Peligrosas palabras, Buenos Aires,
Temas, 2001.
-----Escritura y secreto, México, Ariel, 2002.
-----Los deseos oscuros y los otros. Cuadernos de Nueva
York. Buenos Aires. Ed. Norma, 2002.
3) Peligrosas palabras, pp.33-34.
Bibliografía consultada Arfuch, Leonor. El espacio
biográfico. Dilemas de la subjetividad contemporánea.
Bs. As. Fondo de Cultura Económica. 2002. Bajtin,
Mijail. Estética de la creación verbal.
México. Siglo XXI editores. 1982. Authier, Jacqueline.
Hétérogénéité(s)
énoncitives(s) en Langages 73, pg. 98-111.
(Existe traducción al español).1984. Bianchi,
Sandra. Exploradora de la palabra. Entrevista a Luisa
Valenzuela. Revista Soles Nº62, pp.30-34. Bs. As.
2000. Corominas, J.Diccionario crítico etimológico.
Castellano e hispánico. Madrid. Gredos,1980.
Deleuze, Gilles. El pliegue. Leibniz y el barroco.Barcelona.
Ed. Paidós.1989. Gliemmo, Graciela. (1994): Las
huellas de la memoria. Entrevistas a escritores latinoamericanos,
Buenos Aires, Beas Laplanche, J., Pontalis, J.B. Diccionario
de Psicoanálisis.Barcelona. Ed. Labor, 1981.
Moliner, María. Diccionario de uso del español.
Madrid. Gredos, 1991 Sarduy, Severo. Ensayos generales
sobre el barroco.Bs.As. FCE.1987. Valenzuela Luisa.
Los deseos oscuros y los otros. Cuadernos de Nueva York.
Buenos Aires. Ed. Norma, 2002. ---- Cuentos completos
y uno más, México, Alfaguara,1999. -----Peligrosas
palabras, Buenos Aires, Temas, 2001. -----Escritura
y secreto, México, Ariel, 2002. Wright, Elizabeth.
Psicoanálisis y crítica cultural. Bs.
As.